17 de junio del 2026
Ante el incremento de lluvias intensas, huracanes y otros fenómenos asociados al cambio climático, la Ingeniería Civil desempeña un papel estratégico para reducir los riesgos por fenómenos hidrogeológicos, mediante el diseño, construcción, mantenimiento y evaluación de la infraestructura con criterios científicos que permitan salvaguardar la vida de las personas y el desarrollo de las comunidades.
Enfatizaron Eduardo Ismael Hernández y María Elena Raynal Gutiérrez, profesores investigadores de la Facultad de Ingeniería Civil de la UPAEP, quienes destacaron que la prevención es la herramienta más efectiva para disminuir los impactos de inundaciones, deslizamientos de laderas, socavones y otros eventos naturales que combinan factores hidrológicos y geológicos.
Ismael Hernández explicó que prácticamente toda la infraestructura que hace posible el funcionamiento de una sociedad —carreteras, puentes, hospitales, escuelas, sistemas de agua potable, drenaje, presas y plantas de tratamiento— es resultado del trabajo de los ingenieros civiles, quienes participan desde la planeación hasta el mantenimiento de las obras.
Subrayó que un proyecto de ingeniería exitoso inicia con una adecuada planeación, continúa con un diseño sustentado en estudios topográficos, geológicos, hidrológicos y de mecánica de suelos, y concluye con una construcción supervisada y un programa permanente de mantenimiento.
Indicó que optimizar una obra no significa únicamente reducir costos, sino maximizar el beneficio social, privilegiando la seguridad, la funcionalidad y la calidad de la infraestructura.
Respecto a los fenómenos hidrogeológicos, explicó que éstos surgen de la interacción entre el agua y el suelo, generando riesgos como socavones, licuación de suelos y deslizamientos de laderas, por lo que resulta indispensable realizar estudios especializados antes de desarrollar cualquier proyecto de infraestructura.
Recordó que eventos ocurridos en Puebla, como el socavón de Juan C. Bonilla o los deslizamientos registrados en Teziutlán en 1999, evidencian la importancia de comprender las condiciones del terreno y monitorear permanentemente las zonas de riesgo para prevenir desastres.
Asimismo, destacó el crecimiento de la Ingeniería de Riesgos de las Construcciones, disciplina que permite identificar la vulnerabilidad de puentes, hospitales, escuelas y otras edificaciones frente a amenazas naturales, con el objetivo de diseñar estrategias para disminuir el riesgo y proteger a la población.
Por su parte, María Elena Raynal Gutiérrez señaló que el cambio climático está modificando los patrones meteorológicos y obligando a replantear la forma en que se diseñan las obras civiles.
Explicó que durante la temporada de huracanes y bajo la influencia del fenómeno de El Niño pueden presentarse variaciones importantes en las precipitaciones, periodos de sequía y eventos meteorológicos cada vez más intensos, lo que exige infraestructura más resiliente y adaptable.
Añadió que experiencias recientes, como el impacto del huracán Otis en Acapulco, demuestran que muchas construcciones no fueron diseñadas para soportar fenómenos de esa magnitud, por lo que la actualización de criterios de diseño y la formación continua de los ingenieros civiles son fundamentales.
La académica destacó además que los ingenieros civiles administran los recursos hidráulicos, analizan el comportamiento de presas y sistemas de abastecimiento de agua y desarrollan soluciones que contribuyen a mantener la calidad de vida de la población frente a escenarios climáticos cada vez más inciertos.
En relación con las inundaciones recurrentes en la ciudad de Puebla, ambos especialistas coincidieron en que es indispensable realizar diagnósticos integrales de los sistemas de drenaje, considerando el crecimiento urbano, el mantenimiento de la infraestructura y las nuevas condiciones climáticas que provocan lluvias más intensas en periodos muy cortos.
También enfatizaron que toda infraestructura requiere inspecciones y mantenimiento periódico, ya que factores como la antigüedad de las estructuras, las condiciones ambientales y la calidad de la construcción determinan su vida útil y nivel de seguridad.
Finalmente, Eduardo Ismael hizo un llamado para fortalecer la inversión en investigación, monitoreo y gestión de riesgos, así como para que las autoridades incorporen el conocimiento de la Ingeniería Civil en la toma de decisiones relacionadas con la infraestructura pública.
«Los ingenieros civiles trabajamos para generar bienestar social mediante obras seguras y funcionales. Las amenazas naturales seguirán presentes; lo que podemos hacer es reducir la vulnerabilidad mediante mejores estudios, mejores proyectos y mejores decisiones», concluyó.
Los académicos coincidieron en que la Ingeniería Civil continuará siendo una disciplina indispensable para construir ciudades más seguras, resilientes y sostenibles, capaces de enfrentar con mayor eficacia los desafíos que representan los fenómenos hidrogeológicos y el cambio climático.



