29 de junio del 2026
Por Manuel Carmona
QUE SIGUE PRESIDENTA?
Las conferencias mañaneras nacieron como una promesa ambiciosa: acercar el poder a los ciudadanos mediante un ejercicio cotidiano de rendición de cuentas. Se podía coincidir o no con su contenido, pero existía una lógica institucional. Eran, al menos en esencia, conferencias de prensa.
Hoy esa frontera parece haberse desdibujado.
La conferencia de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo ha comenzado a transitar hacia un terreno distinto, donde la comunicación política convive cada vez más con el entretenimiento. Canciones del momento, referencias a fenómenos virales, presentaciones musicales, bailables y, más recientemente, la presencia de un pato convertido en celebridad digital han ido ocupando un espacio que antes pertenecía a las preguntas, a los datos y las decisiones de gobierno.
Nadie puede reprocharle a un gobierno que intente comunicarse con nuevos públicos o utilizar códigos contemporáneos. El problema aparece cuando el espectáculo comienza a desplazar al contenido.
Porque la forma también gobierna.
Las instituciones transmiten mensajes no sólo por lo que dicen, sino por la solemnidad —o la ligereza— con la que deciden decirlo. Y la Presidencia de la República no debería ser un foro de variedades ni un escenario diseñado para competir con las plataformas digitales por la atención del público.
La paradoja resulta inquietante. Mientras el país enfrenta desafíos complejos en materia de seguridad, crecimiento económico, salud, educación y desapariciones, el principal espacio de comunicación gubernamental parece invertir cada vez más tiempo en producir momentos virales.
Es posible que estas escenas generen millones de reproducciones. Lo que resulta difícil saber es si también generan confianza institucional.
La comunicación pública no debería medirse únicamente por el número de visualizaciones. Su verdadero valor radica en fortalecer la credibilidad del gobierno y dignificar el debate democrático.
La política siempre ha tenido algo de representación. Pero cuando la representación termina sustituyendo a la deliberación, el riesgo es evidente: la conferencia deja de informar para entretener.
Y ese cambio no es menor.
Porque la frivolidad también comunica.
Comunica prioridades. Comunica jerarquías. Comunica la manera en que el poder entiende su relación con la sociedad.
La pregunta ya no es, en qué se convirtió la mañanera?
La pregunta es qué sigue.
¿Una jirafa recorriendo el Salón de la Tesorería? ¿Un comediante de stand-up inaugurando la conferencia?
Más importante aún: ¿en qué momento dejamos de esperar respuestas para empezar a esperar el siguiente espectáculo?



