04 de septiembre del 2026
Colaboración de Alejandro Cruz Adabache
Referente al tema de Volkswagen, quiero compartirte mi perspectiva desde mi trinchera como empresario, siempre enfocado en la innovación y en la adopción tecnológica.
A través de nuestra alianza con la Industria del Futuro del Gobierno de Francia, participamos en una estrategia de Triple Hélice, que busca articular los esfuerzos del sector empresarial, académico y gubernamental para poner en marcha iniciativas y proyectos en materia industrial, tecnológica, de innovación y desarrollo de talento. El objetivo es incrementar las capacidades de innovación y acelerar la adopción tecnológica en las empresas de industrias estratégicas.
Por eso, lo que está ocurriendo con Volkswagen, y particularmente en nuestro estado, debe preocuparnos a todos. Estamos hablando de una empresa que durante décadas ha sido fundamental para la economía de Puebla, que ha dado sustento a muchas generaciones y que además genera una enorme cantidad de empleos indirectos y una importante cadena de proveeduría.
Considero que hoy más que nunca los gobiernos federal y estatal deben acompañar y respaldar a Volkswagen, no solamente con discursos, sino con acciones concretas. Por ejemplo, promoviendo y priorizando, dentro de lo posible y conforme a la normatividad, la adquisición de vehículos producidos en nuestro estado en los diferentes niveles de gobierno, además de impulsar programas que fortalezcan directamente a sus trabajadores y a toda su cadena de proveeduría.
Y aquí hay otro punto que me parece importante poner sobre la mesa.
La llegada de las agencias y marcas automotrices chinas a prácticamente todo el país también ha generado empleos y ha dinamizado el mercado automotriz. Sin embargo, debemos preguntarnos qué tanto valor estamos logrando retener y generar dentro de México.
Una cosa es vender vehículos en nuestro país y generar empleos principalmente relacionados con la comercialización y los servicios, y otra muy distinta es establecer plantas de producción, centros de ingeniería, investigación y desarrollo, cadenas de proveeduría y programas de formación de talento.
Ahí tenemos una gran desventaja: si no logramos atraer y consolidar inversión productiva, México corre el riesgo de convertirse principalmente en un mercado de consumo, en lugar de ser un país que produce, innova, desarrolla tecnología y genera propiedad intelectual.
Por eso debemos cuidar y fortalecer a las empresas que sí tienen una presencia industrial profunda en nuestro país y que han construido durante décadas cadenas de proveeduría, conocimiento, infraestructura y talento.
Pero hay algo todavía más importante: tenemos que preocuparnos más por los empleados que por los empleos.
Los empleos van a transformarse inevitablemente. La automatización, la robótica y ahora la inteligencia artificial están cambiando por completo la industria. La persona que antes realizaba una determinada tarea en una línea de producción, mañana tendrá que operar tecnología, programar, dar mantenimiento, analizar datos o desarrollar nuevas capacidades técnicas.
El verdadero reto no es solamente conservar los puestos de trabajo actuales, sino preparar a las personas para los empleos del futuro.
Y eso solamente será posible mediante la formación continua, la capacitación técnica y la creación de centros de innovación y desarrollo de talento verdaderamente vinculados con las necesidades de la industria.
Puebla tiene una gran oportunidad. Tenemos industria, universidades, talento y experiencia; lo que necesitamos es articularlos y actuar con visión de largo plazo.
Si queremos que Volkswagen siga siendo un motor de desarrollo para Puebla durante las próximas generaciones, debemos evolucionar junto con ella.
No se trata únicamente de defender los empleos de hoy, sino de preparar a nuestros trabajadores para que tengan oportunidades mañana. Y tampoco se trata solamente de vender productos en México, sino de lograr que la inversión, la tecnología, el conocimiento y las oportunidades se queden y se multipliquen en nuestro país.





