27 de octubre del 2026
Por Ariel Martínez
La capital del estado vive una de sus etapas más grises y desconectadas de la realidad ciudadana. A meses de haber asumido el cargo, la administración municipal encabezada por Pepe Chedraui acumula más promesas incumplidas y pretextos de oficina que soluciones tangibles para las familias poblanas. Ser alcalde de Puebla no es figurar en eventos sociales ni posar para la foto institucional; es gobernar, poner orden y garantizar las condiciones mínimas para vivir y trabajar en paz. Hoy, lamentablemente, el edil nos queda a deber en todos los frentes.
El problema más lacerante es, sin duda, la seguridad. Mientras la delincuencia se apodera de las calles y el cobro de piso asfixia a los negocios locales —con el doloroso cierre de establecimientos con historia y arraigo como el emblemático restaurante del Centro Histórico que tuvo que bajar la cortina tras ser víctima de la extorsión—, el Ayuntamiento insiste en minimizar la tragedia. Para la Secretaría de Desarrollo Económico, los negocios que cierran por temor y violencia son simplemente «ciclos de negocio» o «la edad de los propietarios». Esa indiferencia oficial ofende. Es una falta de respeto a los comerciantes que ven desvanecerse el patrimonio de toda su vida mientras la autoridad voltea hacia otro lado.
Pero la crisis no se limita a la inseguridad; también se respira en el abandono físico de la ciudad. Conducir o caminar por Puebla es sortear un verdadero campo minado de baches, calles destruidas y hundimientos que el gobierno municipal simplemente ignora. Las vialidades secundarias y las colonias populares claman por bacheo y pavimentación integral, mientras los recursos públicos parecen diluirse en ocurrencias y malas prioridades.
A esto se suma la imposición de medidas recaudatorias que asfixian la economía cotidiana, como el sistema de parquímetros, diseñado más como una caja chica recaudadora que como una solución real de movilidad, afectando directamente las ventas de los pequeños negocios y la economía de los ciudadanos que tienen que transitar por el centro.
Y por si faltara poco, la cereza del pastel de esta mala administración es el intento de aplicar un nuevo «predialazo». Pretender cargar la mano en el bolsillo de los poblanos con aumentos injustificados al impuesto predial, cuando la ciudad está llena de baches, insegura y mal atendida, es una auténtica provocación. No hay vergüenza en exigir pagos altos cuando se retribuyen con servicios eficientes y seguridad; pero exigir más dinero cuando el gobierno municipal ha demostrado incapacidad y apatía es un golpe bajo a la economía familiar.
Los poblanos no elegimos una administración para que nos cobre más y nos proteja menos. Puebla exige un gobierno que dé la cara, que deje de minimizar la extorsión, que repare las calles y que entienda que el erario se cuida y se respeta.
Pepe Chedraui le está fallando a Puebla. Y la factura ciudadana, tarde o temprano, se cobra en las urnas y en la historia.
