Diciembre 28 del 2025.-(Agencias / Foto AFP).- Trabajar de noche no es bueno, te deteriora la salud”, afirma Roxana Panozo Alba, una boliviana que limpia oficinas en las madrugadas londinenses. Los inmigrantes como ella representan una proporción creciente de los trabajadores nocturnos, fundamentales para la economía británica.
Somos fantasmas”, afirma, por su parte, Leandro Cristovao, un angoleño que envasa alimentos en un almacén de la capital de Reino Unido mientras la gente duerme.
De los nueve millones de trabajadores nocturnos, los extranjeros pasaron en una década de 1.5 a 2 millones, según datos de 2022 de la Oficina Nacional de Estadísticas.
En el sector de la salud, más de un tercio de los trabajadores nocturnos son migrantes.
Gran parte del trabajo nocturno lo realizan migrantes en sectores injustamente calificados como de ‘baja cualificación’”, explica Julius-Cezar Macarie, profesor de sociología en el University College Cork.
Su trabajo es absolutamente esencial, ya que permiten que esta sociedad funcione las 24 horas del día”, añade el investigador.
El gobierno laborista británico está endureciendo su política hacia los extranjeros poco cualificados, en un contexto de aumento del sentimiento antinmigración.
Panozo Alba, de 46 años, limpia baños, cocinas, salas de conferencias y oficinas en edificios londinenses desde las 22:00 hasta las 07:00 del día siguiente, cobrando el salario mínimo por hora en Londres (13.85 libras, unos 335 pesos mexicanos).
Trabajo de noche porque tengo familia y tengo que hacer a la fuerza ese horario. Hasta que ya crezcan mis niños y estar un poquito mejor”, afirma Roxana, que lleva ocho años realizando estas labores.
Explica que ha estado de baja tres veces por estrés. “El estrés se manifiesta en muchas cosas. Puede ser pérdida de pelo, un hongo en la cabeza, temblar, no poder hacer tu necesidad”, señala.
Omatule Ameh, de 39 años, trabaja de noche cuidando a niños con discapacidad en el sudeste de Inglaterra. Llegó desde Nigeria en 2023 con un visado de trabajador social.
Durante el día cuida de sus dos hijos pequeños, mientras su esposa trabaja en la misma institución especializada. A veces duerme sólo tres horas.
Judith Munyonga, zimbabuense de 44 años, trabaja de 19:00 a 07:00, cuatro días por semana, cuidando a pacientes con lesiones de la médula espinal en Hertfordshire, al norte de Londres.
Ambos profesionales dicen estar preocupados por la decisión del gobierno de poner fin a la concesión de visados para trabajadores sociales y por el aumento de los discursos antiinmigración.
El mes pasado, el gobierno anunció que triplicaría el plazo para que algunos trabajadores sociales “poco cualificados” puedan solicitar la residencia permanente, pasando de cinco a 15 años.







