10 de julio del 2026
* Los genes determinan la relación con la comida, aseguran los expertos
Por Raúl Torres Salmerón
La obesidad se escribe en el ADN de cada persona y predice, como una profecía genética, el tipo de cuerpo que tendremos. Hace unas décadas era más fácil rebelarse contra ese destino. Luchar contra nuestra programación genética y mantener a raya los kilos de más. Pero en un mundo obesogénico, rodeados de productos alimentarios baratos, adictivos y ubicuos, es cada vez más difícil.
Una serie de recientes artículos científicos ha reforzado esta idea y acaba con la idea de la obesidad como una cuestión de elección o fuerza de voluntad. Los expertos expresan las siguientes ideas:
-Una nueva investigación publicada en PLOS Medicine expuso cómo la genética explica la relación entre el Índice de Masa Corporal (IMC), de padres e hijos y descarta la importancia de otros mecanismos biológicos.
-Para llegar a esta conclusión, se analizaron los datos de decenas de miles de familias noruegas. El estudio estima que la genética explicaría alrededor del 79 por ciento de la relación madre-hijo y el 94 por ciento de la relación padre-hijo a los ocho años de edad.
-Los datos son contundentes, pero tampoco significan que debamos caer en el determinismo genético, explica Tom Bond, Investigador de la Universidad de Bristol y autor principal del estudio.
-La obesidad está determinada por una combinación de genes y ambiente. Si los niños se crían en un ambiente saludable, pueden evitar el sobrepeso, incluso si heredaron genes que aumentan su riesgo de obesidad.
-Entender cómo interactúa esta combinación entre genética y ambiente podría ser la clave para comprender y atajar la actual pandemia de obesidad.
-Otro estudio, publicado también en PLOS Medicine, analiza el IMC y variantes genéticas asociadas con la obesidad en 4 generaciones británicas nacidas en 1946, 1958, 1970 y 2001. Los resultados indican que, aunque la genética no haya cambiado, el ambiente obesogénico ha hecho que su asociación con la obesidad se haya reforzado.
-La obesidad aumenta demasiado rápido para atribuirla a los genes, pero el ambiente actual puede hacer que la predisposición genética pese más, explica José M. Ordovás, Investigador del Centro de Investigación Jean Mayer USDA sobre Nutrición Humana y Envejecimiento.
-La Doctora Dolores Corella Piquer, pionera en investigación sobre la genética nutricional, asegura que el estudio está basado en modelos estadísticos y no realiza análisis genéticos concretos. Estos estudios tienen el problema de que son muy dependientes de los algoritmos estadísticos que utilizan y de la población que analizan. Aportan estimaciones teóricas muy generales.
-La prevalencia de la obesidad se ha triplicado en las últimas cuatro décadas. Entender qué puede estar pasando es clave para intentar atajarlo. El entorno determina las tasas generales de obesidad en la población, mientras que la genética es un factor determinante de qué individuo concreto padece obesidad dentro de esa población.
-El equipaje genético pasa de padres a hijos y se transmite a lo largo de las generaciones, pero no condiciona de la misma forma su futuro, pues el ambiente ha cambiado radicalmente. Tener cierta tendencia a engordar podía no tener consecuencias hace 50 o 60 años, cuando la comida basura era casi anecdótica.
-Hoy en día, con productos alimentarios diseñados para enganchar, que llenan las estanterías del supermercado, es mucho más complicado luchar contra los genes.
-La genética determina entre el 40 y el 70 por ciento de la propensión a la obesidad. Es importante subrayar que no somos víctimas de nuestro ADN, pero nos condiciona. Es fundamental que estas personas sepan por qué tienen que luchar tanto para mantener un peso saludable.
-Un estudio publicado en la revista Nature estudió el genoma de 27 mil personas en tratamiento para demostrar que las mutaciones genéticas pueden imponerse incluso a los potentes fármacos adelgazantes, que los hacen menos efectivos en ciertas personas.
-Los científicos descubrieron dos variantes en los genes diana a los que se dirige la segunda generación de estos medicamentos, los receptores GLP-1 y GIP, que explicaría por qué hay personas que pierden peso de forma dramática, mientras a otras apenas les hacen efecto.
-Esta variabilidad no se ve desde fuera porque la obesidad es una enfermedad visible, estética, con mucho prejuicio alrededor, pero se entiende al secuenciar el genoma de la persona obesa. Otro estudio, publicado en Nature Medicine, señala cómo las diferencias genéticas ayudan a explicar por qué algunas personas con obesidad permanecen relativamente sanas, mientras que otras desarrollan afecciones graves como diabetes y enfermedades cardíacas.
En síntesis, la genética no absuelve al entorno ni convierte la obesidad en un destino escrito de antemano, pero rechaza la idea profundamente arraigada de que todas las personas parten del mismo punto. Entender esa desigualdad biológica puede ser el primer paso para abordar una epidemia que, lejos de explicarse por una sola causa, nace precisamente de la suma de muchas.
Si usted es obeso y feliz, sin enfermarse, no hay problema de preocupación.
En fin, como dice la copla flamenca:
Nacen las coplas, señores, de una alegría o una pena, de un ramo blanco de flores o de una larga condena, o de una enfermedad de amores.
raultorress@hotmail.com




