12 de octubre del 2026
El clamor en las calles: Por qué la lucha del IMSS nos concierne a todos
Por Ariel Martínez R.
El Bulevar 5 de Mayo amaneció sitiado. Para miles de poblanos, la interrupción del tráfico, el desvío de la Línea 3 del RUTA y el caos vial matutino representan una molestia innegable. Es comprensible la frustración de quien llega tarde al trabajo o a la escuela; sin embargo, reducir la manifestación del personal sindicalizado del Instituto Mexicano del Seguro Seguro Social (IMSS) a un simple problema de tránsito sería un error de miopía ciudadana.
Lo que hoy vemos en las calles no es un capricho gremial ni una protesta vana. Es el síntoma de una crisis estructural que llevamos años atestiguando en las salas de espera, en las áreas de urgencias y en los pasillos de nuestros hospitales públicos.
Cuando médicos, enfermeras y personal operativo toman la arteria principal de nuestra ciudad para exigir salario justo, insumos suficientes y condiciones dignas de retiro, no solo están defendiendo su bienestar laboral: están defendiendo la salud pública de Puebla y de nuestras familias.
¿Con qué calidad de atención podemos exigir que nos atienda un médico exhausto, que trabaja sin el material básico para una sutura o sin los medicamentos indispensables para un tratamiento? La falta de insumos no la provocan los trabajadores que marchan; la padecen ellos en primera línea, dando la cara ante el enojo de derechohabientes que muchas veces no encuentran en la farmacia la receta completa. Exigir insumos en la calle es la última trinchera para garantizar que el servicio de salud no colapse del todo.
Por otro lado, la demanda de salarios competitivos y esquemas de retiro justos no es más que el reconocimiento elemental a quienes entregan su vida al cuidado de los demás. La retención de talento en la medicina pública depende directamente de brindar certidumbre laboral y un futuro digno.
La movilidad en la ciudad se restablecerá en unas horas y el tráfico volverá a su flujo habitual. Pero si ignoramos la causa de fondo que movilizó a estos trabajadores, las carencias en el sistema de salud pública seguirán ahí, afectándonos a todos por igual. Apoyar y comprender sus exigencias no es un acto de simpatía partidista, sino una cuestión de empatía, sentido común y dignidad colectiva.



