22 de octubre del 2026
Estudiantes de la Facultad de Cine y Producción Audiovisual de la UPAEP destacan en festivales nacionales e internacionales con cortometrajes de ficción, documental y experimental, resultado de una formación que impulsa la creatividad, la producción y la búsqueda de una voz propia.
María Fernanda Herrera Morales, Directora de la Facultad de Cine y Producción Audiovisual de la UPAEP, destacó el entusiasmo de los estudiantes para desarrollar proyectos que incluso van más allá de las exigencias académicas; agregó que esta iniciativa enriquece tanto su aprendizaje como el trabajo de los docentes.
Hasta 100 proyectos audiovisuales al año
La Facultad de Cine y Producción Audiovisual tiene una vasta producción anual de cortometrajes; los estudiantes pueden desarrollar proyectos adicionales a los contemplados en sus materias. La directora estimó que se generan alrededor de 80 a 100 proyectos al año.
A lo largo de la licenciatura, los estudiantes participan en seis procesos de rodaje que abarcan etapas de inmersión, expresión, ficción y documental, además de la producción de tesis. El objetivo de estos ejercicios es que los jóvenes desarrollen progresivamente sus capacidades técnicas y encuentren sus propias voces autorales.
Esta formación se refleja en trabajos con temáticas y géneros diversos, como Lalo Ceraldós, de Miguel Ángel Villanueva Huerta; El Iris que no puedo maquillar, de Katia Carime Ortigoza Jiménez; El Compita, de Alejandro Josué Montilla Tapia, y El Deseo, de Gibrán Salinas López.
Del aula a festivales de México
Los proyectos de los estudiantes de la UPAEP ya han comenzado a recorrer diferentes espacios de exhibición.
Lalo Ceraldós, cortometraje de terror, fantasía y musical dirigido por Miguel Ángel Villanueva Huerta, fue seleccionado en el Festival Horror en las Montañas, en Xalapa, Veracruz, donde obtuvo una mención honorífica como Mejor Cortometraje Universitario. El proyecto, realizado con un presupuesto prácticamente nulo y en un solo día de rodaje, también ha tenido funciones en Puebla y Chiapas y tiene próximas presentaciones en Oaxaca y otros estados.
Por su parte, El Iris que no puedo maquillar, documental dirigido y producido por Katia Carime Ortigoza Jiménez, aborda la difusión de imágenes íntimas sin consentimiento y la respuesta social ante este fenómeno. La obra se encuentra en el Octavo Festival José Rovirosa de la UNAM, donde participa por el premio del público y puede ser considerada por el jurado como Mejor Cortometraje Estudiantil.
El documental fue desarrollado durante aproximadamente tres años e incorporó imágenes de archivo familiar, entrevistas y locaciones como Huatulco, con el propósito de profundizar en una historia cercana a la realizadora.
En tanto, El Compita, de Alejandro Josué Montilla Tapia, retrata la historia de una taquería poblana a través de temas como la migración, el trabajo y la herencia familiar. El cortometraje se presentó en el Cinetekton y participó recientemente en el Festival Internacional de Cine de Orihuela; además, próximamente podrá verse en la plataforma de Nuestro Cine como parte de la programación del festival.
Finalmente, El Deseo, de Gibrán Salinas López, es un cortometraje poético experimental que explora la relación entre el ser humano y la naturaleza. La producción, de siete minutos de duración, participó en el Cinetekton y actualmente se encuentra en ruta hacia otros festivales.
El reto: que el cine mexicano encuentre público
Para los estudiantes, uno de los principales desafíos del cine mexicano no es la falta de talento o de propuestas, sino las dificultades para su difusión, exhibición y distribución.
Miguel Ángel Villanueva consideró que México cuenta con cineastas y propuestas de gran calidad, pero señaló que muchas producciones nacionales tienen poca presencia en las salas comerciales. Los festivales, dijo, representan una primera puerta para que los realizadores sean vistos por la industria y posteriormente puedan buscar mayores espacios de exhibición.
Katia Carime Ortigoza Jiménez coincidió en que también es necesario transformar la manera en que las nuevas generaciones consumen cine, promoviendo desde la educación y la familia una mayor apertura hacia las producciones mexicanas y hacia el cine como expresión artística.
Alejandro Josué Montilla señaló que el principal problema continúa siendo la falta de espacios comerciales para exhibir este tipo de propuestas, aunque reconoció el crecimiento de festivales y espacios independientes que permiten crear comunidad alrededor del cine.
Gibrán Salinas agregó que existe una nueva generación con ideas frescas que transforma las problemáticas sociales en expresiones artísticas, pero insistió en la necesidad de fortalecer la difusión cultural. Como ejemplo, mencionó que algunas de sus funciones registraron apenas cuatro o cinco asistentes.
UPAEP abre espacios para sus cineastas
La Facultad también cuenta con espacios propios para acercar estas producciones a la comunidad universitaria y al público.
María Fernanda Herrera explicó que la UPAEP realiza muestras de los proyectos desarrollados durante los distintos procesos de rodaje en la sala de cine Alfredo Joskovics, ubicada en el Laboratorio de Medios Audiovisuales. Las funciones son de entrada libre y permiten al público conocer directamente el trabajo de los estudiantes.
La Directora destacó que estas exhibiciones buscan generar un encuentro entre los realizadores y sus espectadores, pues el cine cumple su función cuando logra encontrar a su público.
Con propuestas que abordan la migración, la violencia digital, la relación con la naturaleza y el género fantástico, los estudiantes de la UPAEP muestran que el cine universitario puede convertirse en un espacio para contar historias locales con capacidad de conectar con públicos más amplios.
“Estamos muy orgullosos de ustedes”, expresó Herrera Morales a los estudiantes, al reconocer su capacidad para plantear propuestas innovadoras y llevarlas de las aulas a diferentes escenarios de exhibició





